La gente recorriendo su camino de manera inconsciente, automatizados. Prisa por llegar. Prisa por volver a ningún sitio. Ni siquiera saben por qué llevan ese ritmo, simplemente se mimetizan con el entorno.
Me ahogo en esta ciudad. Este aire no me deja respirar y siento cómo algo dentro de mi agoniza, muere poco a poco.
Necesito mi tiempo de retiro, sentarme bajo un árbol sin rastro de civilización. Necesito respirar y que se llenen mis pulmones mientras mi interior se limpia y se revitaliza.
Pero no me queda más remedio que aguantar y esperar el momento en el que pueda escapar temporalmente de este infierno de asfalto. De modo que, en las noches despejadas subo al tejado, como un gato callejero. Observo las estrellas tranquilamente en la oscuridad. Respirando. Esperando.
Necesito sentirme en casa.





